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Imperdible... Entre el 8 y 14 de junio de 2009

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Lunes 26 Mayo 2008

Sydney Pollack (1934-2008)

Escrito por MAZA 11:41 pm Archivado en OBITUARIOS

El director de “Tootsie”, “Africa Mía”, “Fachada”, pero sobre todo, el protagonista de “Maridos y esposas” de Woody Allen (¡qué gran película!), falleció esta noche en Los Angeles, víctima del cáncer. Más que un buen hombre, Pollack fue un gran hombro: como actor siempre interpretó a personajes que estuvieron ahí, para ser un apoyo y voz de advertencia para Tom Cruise en “Ojos bien cerrados”, para Dustin Hoffman en “Tootsie” (donde interpretó a su agente), y el más reciente, a George Clooney en “Michael Clayton”. Algo de eso escribí en una columna para La Tercera de este martes. ¡Falleció Sydney Pollack! A no confundirlo con Sidney Lumet, que es 10 años más viejo, y sigue fimando. Dato raro: Pollack estuvo en Chile, ¿no? ¿En Antofagasta? No he podido confirmarlo… ¿alguien se acuerda de esa visita?

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Pedro Chaskel sobre Elena Varela

Escrito por MAZA 9:35 am Archivado en ACTUALIDAD, CINE CHILENO, DOCUMENTALES, FONDOS, POLEMICA EN EL BAR

Peter Chaskel Benko, aka Pedro Chaskel, co fundador del Centro de Cine Experimental de la Universidad de Chile, montajista de “El chacal de Nahueltoro” y “La batalla de Chile”, además de eximio e histórico documentalista chileno, escribió estas reflexiones sobre el caso de Elena Varela. Esto no para (aunque algunos se aburran)…

Unas pocas reflexiones

No quisiera repetir las argumentaciones ya esgrimidas en relación al caso de la detención de Elena Varela y el, sin lugar a dudas, ilegal secuestro de los materiales de los documentales que estaba realizando, baste con expresar mi plena coincidencia, en la forma y el fondo, con los ideas expresadas con indignación en los diferentes mensajes que hemos recibido, especialmente los de Francisco Gedda. Sin embargo siento la necesidad de manifestarme de alguna manera públicamente al respecto. Adjunto algunas reflexiones.
La verdad es que a medida que tenemos mas información cada vez resulta más dudosa la veracidad de los cargos que se le hacen. No es que esté en condiciones de poner las manos al fuego por Elena, a quien no he tenido ocasión de conocer personalmente, pero si uno revisa la actitud que la “autoridad” ha tenido a lo largo del tiempo para con quienes se han dedicado a filmar la realidad mapuche (testimonio de Dauno Totori, expulsión de los equipos de documentalistas franceses e italianos que también estaban filmando a los mapuches), cada vez resultan mas dudosas las graves acusaciones. Si agregamos el silencio casi absoluto de la prensa y los noticieros de TV que han escamoteado toda información posterior a las arbitrarias declaraciones del vocero oficial de gobierno y, finalmente (por ahora), los recientes amedrentamientos a quienes concurrieron a un acto de protesta relacionado con el caso, la situación se vuelve cada vez menos transparente.

Me preocupan especialmente los amedrentamientos. Personalmente nací en una familia judía en Alemania el mismo año que Hitler llegó al poder, estoy vivo gracias a un golpe de suerte que permitió a mis padres emigrar a Chile. Pude salir de Chile en 1973, pero volví en 1983. Sabemos lo que es vivir en una sociedad sometida a un clima de miedo permanente. Una sociedad en la que la justicia está solamente al servicio de los mas poderosos. Una sociedad en la que las instituciones destinadas a la defensa de la población se convierten a la vez en verdugos de esta misma. Una sociedad en la que una supuesta legalidad esconde la arbitrariedad y la discriminación mas extrema. Los síntomas los conocemos del pasado, pero resulta ser que la mayoría de los mapuches los sufren en el presente. Y aunque no fuera la mayoría, y aunque fuera uno solo ya es demasiado. Me resisto a aceptar que estemos viviendo frente a una fachada democrática tras la cual se oculta un estado que empieza a mostrar esos conocidos síntomas del pasado.

También preocupa que un organismo como el CAIA no tenga la claridad y lucidez suficiente para darse cuenta de lo contradictorio de su toma de posición en defensa de los derechos de una cineasta (Comunicado del 23 de mayo de 2008). ¿Falta de lucidez, exceso de prudencia o sencillamente miedo?, ¿Prudencia para “exhortar” en lugar de “exigir”… el cumplimiento de la ley? ¿Prudencia para qué? ¿Miedo a quién?.

Me parece necesario que las directivas de nuestras diferentes agrupaciones gremiales formen algún tipo de órgano unitario que mantenga viva la acción por esta problemática.

Pedro Chaskel Benko

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Domingo 25 Mayo 2008

Documentales y periodismo: ¿somos o no somos amigos?

Escrito por MAZA 3:04 am Archivado en ACTUALIDAD, CINE CHILENO, DOCUMENTALES

Así que finalmente los miembros del Consejo del Arte y la Cultura Audiovisual -la institucionalidad cultural más importante del cine en Chile, presidido por la ministra Paulina Urrutia y compuesto por quince consejeros que representan a directores de cine, guionistas, documentalistas, académicos de cine, actores y actrices, productores y técnicos- hizo una declaración formal por el caso de Elena Varela… Y en resumen, plantea que los documentalistas deban ser tratados igual que los periodistas respecto a la reserva de sus fuentes en sus trabajos documentales (lo que en el caso de Elena Varela, pero también en el caso de cualquier documentalista, impediría que sus materiales de trabajo puedan ocuparse como medio de prueba en un tribunal). Eso explica el segundo punto de su declaración pública, donde solicitan la devolución del material grabado por Elena Varela (ya no la copia, como había pedido la ministra hace una semana), aunque en el mismo párrafo la declaración es cuidadosa en decir que…

…y en caso de ser estrictamente necesario para la investigación en curso, entregar duplicados a los órganos jurisdiccionales competentes, velando siempre por el pleno respeto al derecho de reserva de la fuente señalado.

Esta declaración pública (que ya había sido precedida por una declaración similar del Programa de Libertad de Expresión del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile) da para varias reflexiones. La primera es: ¿tienen derecho los documentalistas a ser tratados igual que los periodistas? Eso nos lleva a estudiar la labor de los documentalistas, y hacer un paralelo entre su trabajo y el trabajo periodístico.

Partamos por el comienzo:

El tema no es simple, pero podemos marcar ciertas diferencias muy claras entre ambas labores. En primer lugar, los documentalistas no hacen reportajes ni cuentan noticias, hacen documentales. Los documentales a veces se pueden parecer mucho a un reportaje, pero tienen algo que los distingue a nivel de discurso: los documentales establecen una argumentación sobre la realidad. El discurso periodístico, por el contrario, se basa en la negación de esa argumentación, en base a la creación de un discurso de “imparcialidad”: en el periodismo, todos los puntos de vistas son puestos sobre la mesa para que sea el receptor quien se forme una “opinión informada” de los hechos presentados. El documental no tiene esas pretenciones; por el contrario, el documental nace de una convicción intensa del documentalista de los hechos; su mayor riqueza es, precisamente, su parcialidad. Un documentalista, tal como un director de cine de ficción, tiene una visión del mundo que lo rodea, y sobre esa visión establece un discurso. En el caso del documental, tal y como lo explicita ese discurso está construido para que entendamos que lo que se presenta en la película (escenas documentales, pero al mismo tiempo, “pruebas”) es lo que ocurre en “la realidad”. [Desde Jean Vigo hasta Patricio Guzmán han dedicado textos que explicitan de muy buena manera este rol del realizador documental. Más desde la teoría, Bill Nichols en el capítulo 4 de su clásico libro "La representación de la realidad" ahonda también en esta perspectiva].

Dicho de otro modo, a modo de ejemplo, Michael Moore está convencido de que el sistema de salud norteamericano es muy pobre e injusto respecto al sistema de salud que tiene en Francia o Cuba, y que además, este sistema necesita ser urgentemente reformado para dejar de cometer injusticias sobre “las personas comunes”. Sobre esa tesis está contruido “Sicko”. Patricio Guzmán está convencido que Chile es un país sin memoria, a pesar de las innumerables pruebas que mantienen viva la memoria histórica de este país (”La memoria obstinada”), así cómo estaba convencido treinta años antes que lo que hacía único al gobierno de la UP era lo que ocurría y se conversaba en las calles, que esa efervescencia social era el ADN del gobierno de Allende y no su clase política (”La batalla de Chile”). Robert Flaherty está convencido de que las comunidades esquimales de Norteamerica, ante la soledad de un territorio frío y hostil, tienen una visión cohesionada del grupo familiar (”Nanook, el esquimal”), y Errol Morris ha hecho una carrera estableciendo que quienes mejor conocen los mecanismos de la guerra y de la muerte son personas que han “mejorado” esos mecanismos desde una intenso proceso racional (”Niebla de guerra” y “Mr. Death”).

Un documentalista necesita una convicción para hacer un documental; muy a menudo, esa convicción es producto de un proceso de conocer “una realidad” (o de investigarla) y darla a conocer desde su punto de vista. Un documental sin convicción no es documental. En cambio, el periodismo tiende a ocultar esa convicción, porque debe mantener la construcción de su discurso “limpio” de parcialidades para que sus trabajos (reportajes, noticias) sean considerados válidos en las instituciones periodísticas.

La única prueba de validez que puede encontrar un documentalista la da el tiempo, y la confrontación de su perspectiva del mundo con su comunidad. De ahí que mientras el periodista es un testigo, el documentalista plantea un testimonio. Donde el periodista presenta, el documentalista califica. Y lo que el periodista “da a entender”, el documentalista lo muestra y lo explicita.

Y a pesar que estas diferencias de la construcción de un discurso, que determina la diferencia radical entre un reportaje y un documental, los métodos de elaboración de esos trabajos tienden a ser similares: entrevistas, registro directo, uso de material de archivo.

Métodos similares, con una gran excepción: quizás donde mejor se nota la diferencia es cuando los documentalistas, desde Flaherty en adelante, han utilizado la reconstrucción y la puesta en escena como un factor determinante de su discurso, algo fuertemente incomprendido desde el periodismo, que tiende a leer esas reconstrucciones como “falsedades”. Pero es interesante ese debate: ¿qué es lo falso? ¿Que Michael Moore haya filmado en varios días distintos su visita al banco donde abre una cuenta corriente y le entregan un rifle, como ocurre en “Bowling for Columbine”? ¿Que Flaherty haya hecho que los esquimales cazaran lobos marinos con un método de arpones, y no con los rifles que en verdad ocupaban en su vida diaria? ¿O que Morris le pague a sus entrevistados, como hizo en su última película, “Standard Operating Procedure”?

Es ahí donde periodismo y documental están más alejados: para el periodismo es inconcebible la reconstrucción y la puesta en escena; para el documental, es una herramienta más para construcción de su discurso.

Y sin embargo, hay matices: no es lo mismo reconstruir un hecho real que “fabricarlo”. Y claro, es verdad que Michael Moore no pudo abrir su cuenta corriente con tanta facilidad, ni le pasaron tan rápido la escopeta como pareciera que ocurre en “Bowling for Columbine”, pero esa es su opción narrativa: desnudar la ironía del hecho mismo, que es cierto, pero que se hace más visible para la construcción de su discurso si lo presenta de esa forma. Michael Moore no inventó (”fabricó”) ese banco ni la demencia de la promoción de los rifles, solo pretende hacerlo más evidente, así como Flaherty no inventó que los esquimales cazaran a los lobos marinos tal como se ve en “Nanook” (solo le pidió a los esquimales que los cazaran “tal como lo hacían sus padres y sus abuelos”), ni ocurrió que los testimonios de los entrevistados en la última de Morris fueran “mejores” porque quienes eran entrevistados se les pagó por sus dichos. Más bien, el documental está enfocado en un fin último: que la reflexión sobre la realidad sea “la verdadera”, que el punto de vista esté adherido a esa “verdad”, y que la narrativa esté puesta a disposición de esa finalidad.

La incomprensión de esta diferencia es, para mi gusto, la culpable de incomprensión del documental como género cinematográfico y como discurso social. Pero una cosa es ser incomprendido y otra discriminado, y aunque esa incomprensión exista, eso no anula en absoluto que el trabajo documental necesite, ante los ojos de la ley, de resguardos similares a los que exige el periodismo para sí. Un documentalista, en cuanto autor de su visión del mundo, es el único que puede dar sentido a lo que ha filmado, y lo hace en la intimidad del proceso de montaje. La lectura dispersa de sus materiales antes de un proceso de edición definitivamente podría dar a entender una visión antojadiza -y judicialmente muy peligrosa- de esos materiales. Si alguien hubiera visto las cintas de registro de “I love Pinochet” de Marcela Said, o de “Yo fui, yo soy, yo seré” de Heynowski y Scheumann se habrían llevado visiones muy erradas de las intenciones de sus realizadores: habrían creído que la Said era pinochetista, y que los H&S admiraban a la Junta Militar.

Algo muy obvio en el periodismo (entrevistar a un jerarca nazi no significa que el periodista adhiera a las ideas nazis) es algo que tiende a verse con sospecha en el documental, y en particular, en el caso de Elena Varela (entrevistar a dirigentes mapuches que viven en la clandestinidad la vuelve de inmediato en una activista del “terrorismo”).

De ahí que la declaración del Consejo del Arte y de la Cultura Audiovisual no solo es importante en este caso en específico; es una acto de principios que debería ir más allá de este proceso particular y debería traducirse pronto en una norma específica de la Ley de Prensa, que hoy solo “protege” a los periodistas.

En este sentido, si hay una voz que se echa de menos en este caso es la del Colegio de Periodistas, que tiene una estupenda oportunidad de establecer que los mueve algo mucho más fundamental que la defensa de un gremio que obtuvo un título en la universidad, y que eso sería la defensa de dos principios: la libertad de expresión y el derecho de la información.

La pelota está dando botes en el área: ahora solo le toca al Colegio de Periodistas hacer su jugada.

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Más lecturas sobre el caso de Elena Varela: columnas de Francisco Gedda en El Mostrador, y de Pablo Azócar en La República.

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Viernes 23 Mayo 2008

PODCAST #8: “Indiana Jones” (y el #6 y el #7)

Escrito por MAZA 4:35 pm Archivado en EN CARTELERA, PODCAST

¿Todavía no van a ver “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”? Bueno, mientras tanto pueden escuchar el podcast que hicimos ayer con Daniel Villalobos, crítico de La Tercera. Cosas que aprendí con este podcast: que tengo que poner el micrófono más cerca mío, que al parecer en estos casi veinte años de espera Indiana Jones se transformó en un agente de la CIA, y que aunque no se estrene ninguna película, igual vamos a hacer este podcast porque pasamos un buen rato cuando lo hacemos. Más abajo pueden escuchar las grabaciones anteriores que no había alcanzado a linkear desde acá.
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Dauno Tótoro sobre Elena Varela

Escrito por MAZA 2:36 pm Archivado en ACTUALIDAD, DOCUMENTALES

A menos de cien metros de su casa, al terminar la entrevista, fuimos interceptados por dos camionetas nuevas, sin patentes, con carabineros uniformados y agentes de civil que no se identificaron. Exigieron saber, en medio del camino público, con quiénes habíamos hablado, a quiénes habíamos entrevistado, si teníamos contacto con los “terroristas mapuche”.

Por medio de la presidenta de la Asociación de Documentalistas de Chile, Viviana Erpel, nos llega esta carta escrita especialmente por Dauno Tótoro, investigador, escritor, guionista y director de “Üxüf Xipay, El Despojo”. Tótoro cuenta de primera fuente cómo son las condiciones de trabajo documental cuando se trata del tema mapuche. Impresionante, por decir lo menos.

¿MEJOR NO HABLAR… DE CIERTAS COSAS?
(el verdadero delito de Elena Varela)

Dauno Tótoro

Hace cuatro años, nuestro equipo de documentalistas de Ceibo Producciones estrenó el documental “Üxüf Xipay, El Despojo”, acerca del proceso de resistencia y recuperación territorial de las comunidades mapuche de la VIII y IX regiones de Chile. En él, los propios hablantes de las comunidades agredidas por las empresas forestales, los grandes terratenientes y las fuerzas policiales, denunciaron las redes ilegales de represión organizadas en la zona. Por entonces, aquellas redes (y particularmente el autodenominado Comando Hernán Trizano, que opera bajo el mando de conocidos agricultores con vínculos directos con Carabineros y Fuerzas Armadas estacionadas en el sur de nuestro país) buscaban desarticular la organización y coordinación de las comunidades, perseguir y atormentar a sus dirigentes y werkenes, elevar falsos cargos y falsos testimonios en juicios espurios (con testigos sin rostro) para encarcelar a lonkos, machis y activistas.

Aparentemente, hoy los trizanos han ampliado sus mecanismos de acción, aumentado su vínculo directo con los gobiernos locales, y han abierto el abanico de sus enemigos naturales, incorporando a quienes pretendan dar voz a los sin voz, a quienes busquen difundir la turbia maquinación de las empresas forestales.

Como documentalistas que hemos abordado el tema, entendemos que Elena Varela ha caído en aquella trampa. El verdadero delito de esta cineasta ha sido hablar de ciertas cosas de las que ellos prefieren no se sepa nada. Lamentablemente para Elena, a nadie parece importarle un carajo (o a muy pocos). Ella vive en carne propia hoy lo que las comunidades vienen sufriendo por siglos, condenados al silencio y a la humillación.

Nos resulta tan comprensible como repugnante que quieran silenciar la verdad. Pero debemos insistir. Luego de “El Despojo”, iniciamos un largo recorrido de registro y búsqueda de testimonios para la realización de nuestro nuevo documental, titulado “Nvtram: la palabra y el bosque”, profundizando en el tema del conflicto que remece al Wallmapu.

En este nuevo documental, una de nuestra primeras entrevistadas fue la señora Rosa, en una comunidad cercana a Ercilla, y de quien no daremos mayores antecedentes, pues visto está que la prensa nacional actúa con repugnantes criterios de colaboracionismo policial. Madre de dos niños pequeños, vive sola desde que hace cuatro años su marido debió clandestinizarse para evitar ser encarcelado.

“Para que nosotros no sigamos reclamando”, nos dijo la señora Rosa, “a nuestros maridos los andan persiguiendo y los están tratando de terroristas y los condenan por tantos años, sin haber una prueba concreta, por pura mentira. Eso es lo que a mí me duele mucho. Yo estoy enferma junto a mis hijos. Mi niñita está en el colegio, ni siquiera se concentran en las tareas que le dan, porque siempre tiene ese trauma de los pacos que llegaron, como dos veces me allanaron la casa. Llegaron una cantidad de pacos buscando por ahí, interrogándola a ella. Mi niñita tenía recién tres años, y los pacos le estaban diciendo ‘qué hizo tu papá’, ‘qué tienen aquí’, ‘adónde tienen las armas’, le estaban diciendo a mi niñita… y de los tres años ella está sufriendo. Ahora, cada vez está sufriendo más. Ni siquiera puede estudiar en el colegio, y así, ¿cuándo va a aprender? Porque ella está pendiente de otra cosa. Dice que no se puede olvidar”.

A menos de cien metros de su casa, al terminar la entrevista, fuimos interceptados por dos camionetas nuevas, sin patentes, con carabineros uniformados y agentes de civil que no se identificaron. Exigieron saber, en medio del camino público, con quiénes habíamos hablado, a quiénes habíamos entrevistado, si teníamos contacto con los “terroristas mapuche”. Quisieron confiscar nuestro material de cámara, pero a diferencia de Elena Varela, habíamos adoptado medidas precautorias, registrándonos como corresponsales extranjeros residentes, con autorización del Ministerio del Interior. A partir de entonces, entendimos que el material de cámara, durante el resto del registro, debía viajar lejos de nosotros y quedar a buen resguardo. Durante todo el resto del proceso de registro se repitió la misma escena, una y otra vez.

Una vez que El Despojo fue difundido, dejamos en evidencia algunas de las redes ilegales que se han armado para presionar a las comunidades y perseguir a sus dirigentes. Específicamente la participación de personajes tales como el agricultor Jorge Luchsinger y otros en el Comando Hernán Trizano. Me puedo imaginar que estos señores quedaron bastante molestos con “el engaño” al que les sometimos, haciéndoles hablar en cámara y expresando todo su desprecio por el pueblo Mapuche. Me puedo imaginar que se hayan propuesto “nunca más pisar el palito” y evitar que nuevos documentales de esta naturaleza fueran realizados.

¿Qué quieren esconder? ¿De qué no quieren que se sepa? De sí mismos, de lo que son.

No hay que hacer mucho esfuerzo para recordar, por ejemplo, que Matías Catrileo Quezada murió a los 23 años de edad baleado en la espalda por un suboficial de Carabineros de Chile a quien se le había ordenado defender la propiedad y bienes del agricultor Jorge Luchsinger, de origen suizo. Un mes antes de su muerte, Matías había participado en actos in memoriam de uno de sus compañeros de causa, Alex Lemún, asesinado por otro Carabinero, cuatro años atrás. El suboficial que terminó con la vida de Matías (y que se encuentra libre y ha recibido el respaldo y congratulaciones de su institución y del Gobierno de Chile), hizo uso, en esta acción con respaldo judicial, político e institucional, de un arma de guerra, calibre 9 milímetros. Matías, junto a un a veintena de jóvenes Mapuche desarmados, simpatizantes o integrantes de la Coordinadora Arauco Malleco, había ingresado al fundo Las Margaritas pues consideraba que aquellas tierras, ahora cercadas y rodeadas por una fosa, pertenecían históricamente a su pueblo y no a Jorge Luchsinger. Quemarían fardos de pasto. Pensaba que en el despojo de aquellos parajes radicaba la ya histórica marginación de su pueblo. Pensaba que aquello que hacía era la única forma de recuperar los territorios y la dignidad, concepto éste último que había aprendido de sus abuelos y abuelas. Estaba convencido que era la única manera eficaz para forzar la retirada de Luchsinger, del mismo modo que (pensaba) debía forzarse la salida del Wallmapu ancestral de tantos otros Luchsingers. Claramente, Matías no contaba con el apoyo ni con la simpatía del gobierno chileno, ni de sus tribunales. Pero eso Matías lo tenía claro. Tampoco contaba ni con la simpatía ni con el interés por su causa de parte del grueso de la población de Chile, país al que se supone Matías debía guardar respeto, fidelidad y amor filial, o atenerse a las consecuencias. De aquello también era conciente. Y las consecuencias no se hicieron esperar.

¿Quién es y qué piensa de todo esto Jorge Luchsinger, aquel al que el Estado de Chile ha decido defender y proteger a como dé lugar? ¿Es algo de lo que no se debe hablar, documentar? Pues bien, es de esto que no quieren que se sepa: cómo piensan, cómo actúan. Entrevistamos al hombre cuyos fardos de alfalfa valen más que la vida de un joven, durante la realización del documental “Üxüf Xipay, El Despojo”, en el mismo predio donde luego habría de cometerse el asesinato de Matías. Nos recibió en la casa patronal del fundo Las Margaritas. Iba cubierto por un poncho y con botas de caucho, hablando duro y golpeado.

¿Usted cree que los agricultores deben organizarse de modo privado para protegerse entre sí?

“Yo creo que para allá va toda esta cuestión, porque lamentablemente los agricultores cometemos un delito tremendo que es trabajar, y esto de trabajar y producir es mal visto por mucha gente, porque dicen que somos ‘explotadores’, entonces esta cuestión ideológica a nosotros nos afecta tremendamente”.

Hay agricultores de la 9ª región que han manifestado su voluntad de organizarse como cuerpo gremial, como productores, para defenderse y defender la producción… ¿Ha oído hablar del Comando Hernán Trizano, una especie de cuerpo paramilitar, con apoyo de oficiales del Ejército? Hay denuncias calificadas que lo sindican a Usted como uno de sus cabecillas.

“Yo quisiera creer que el término Hernán Trizano es como hoy día se dice ‘tolerancia cero’, es lo que todos desean, que el Estado asuma la responsabilidad de la tolerancia cero, para que todos podamos vivir en paz. A mi se me involucró como organizador del Comando Hernán Trizano, junto con un señor Lichterberg de Victoria. Él también está acosado y tiene serios problemas en sus predios”.

¿Defendería su predio con las armas?

“Si tengo que hacerlo lo voy a hacer, si tengo que defenderlo lo voy a hacer. Lo único que yo espero es que no lleguemos a ese tipo de enfrentamiento porque yo no nací para guerrillero.

Se le ha escuchado hablar de injerencia extranjera en este conflicto. ¿Lo sostiene?

“Yo creo que en la región estamos ante actos terroristas y esa es instrucción foránea. Cómo hacer atentados, cómo hacer bombas, cómo fabricar armas hechizas. Yo creo que hay gente que viene a asesorarlos del extranjero, y que este es un modelo muy parecido a los Zapatistas; yo afirmo que en este conflicto está metida la gente de los países vecinos, de la ETA de España, asesorando y financiado con plata europea y canadiense. Yo creo que esto amerita algunas acciones excepcionales que la constitución permite; aquí en la 9ª región bien podría haber Estado de Sitio, con toque de queda”.

Jorge Luchsinger nos conduce hasta uno de los deslindes de su fundo y nos muestra, no sin cierto orgullo, un profundo y ancho canal que recorre parte del perímetro de su predio.

“Este es un canal que me vi obligado de construir. Era una idea a la que le venía dando vueltas desde hacía tiempo, pero me resistía porque lo encontraba una barbaridad, era como retroceder a la Edad Media, pero bueno, me dije, no me queda otra alternativa y en 20 días hicimos 4.800 metros de canal y desde entonces no he tenido nunca más un animal ajeno en el predio. Pero con esto de estar encerrado me siento como en la cárcel, con protección policial, con mi propio muro de Berlín, que es este canal… me parece que estamos igual que en la época de Alemania Oriental y Alemania Occidental, aquí lo único que falta son las torres con las metralletas, y los perros que no dejan entrar ni salir a nadie”.

Si un comunero cae en su canal… ¿Qué hace Usted… lo entrega a Carabineros?

“No, porque ya ve que la justicia no funciona”.

Los comentarios sobran.

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