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Imperdible... Entre el 8 y 14 de junio de 2009

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Martes 12 Abril 2011

IMPRESENTABLE: Cómo VTR publica nombres, direcciones y teléfonos de ministros, senadores, diputados y otros millones de chilenos

Escrito por MAZA 11:05 pm Archivado en ACTUALIDAD

El descubrimiento lo hicieron ayer en Disorder, y cuando lo leí y comprobé lo que decían -a pesar que no me asombra el nivel de abuso al que pueden llegar las empresas en Chile- esto me dejó boquiabierto. VTR y Movistar, a través de su sitio de direcciones de Planos.cl, decidió que una buena manera de competir con otros sitios similares de búsqueda de direcciones como Mapcity era SUBIR a su sitio los datos personales (nombre completo, dirección y teléfono) de TODOS sus clientes, y ponerlos en un mapa de manera geo-referencial. Es decir, pones tu nombre y si eres cliente de VTR o Movistar, todos saben donde vives y donde llamarte. A tu casa. Para hacerte pitanzas, encuestas no solicitadas, llegar a preguntar por ti, por si quieren estafarte, en fin, tantas ideas.

Cuando lo comprobé me pareció impresentable. No solo estaban todos los nombres de mis amigos que son clientes de VTR, sino que además, pude comprobar para mi asombro que estaban nombres de autoridades políticas que también son clientes de VTR, como los ministros Andrés Allamand, Felipe Bulnes, Evelyn Matthei (su dirección distrital en La Serena cuando era senadora), Hernán de Solminihac, José Antonio Galilea, y nada menos que Laurence Golborne. No solo eso: la lista puede ampliarse a senadores (Soledad Alvear, Carlos Bianchi, Andrés Chadwick, solo por nombrar los primeros de la lista), el presidente de la cámara de diputados (Patricio Melero), jueces de la Corte Suprema (Sergio Muñoz, Pedro Pierry), periodistas (Cristián Bofill, Fernando Paulsen, Amaro Gómez-Pablos), es decir, una larga lista que incluye a familiares de ilustres (como el hijo de Joaquín Lavín y el hermano del presidente, el Negro Piñera). Y claro, varios millones de chilenos.

Ninguno de ellos solicitó estar ahí. En realidad, todos están ahí porque ninguno de ellos solicitó NO estar ahí. VTR te publica ahí si no pagas un servicio adicional que se llama “No publicar, no informar”, por el que te cobran $5.000 por una vez, y luego, $680 mensuales por mantenerlo. Es decir, debes pagar $8.160 al año por tu privacidad. Lo más increíble es que el servicio no es automático. No funciona con que llames y te saquen del listado, incluso si pagas. Todas las personas nombradas anteriormente, si mañana llaman (y pagan) para retirarse de la base de datos pública de VTR y Planos.cl, recién deben esperar TRES MESES para salir de ahí.

No sé cómo lo ven ustedes, pero eso a mí me parece derechamente un chantaje: tienen secuestrados tus datos, y te cobran por entregártelos de vuelta.

Es verdad que muchos no se sorprenderán de comprobar nuevamente que nuestros datos personales están pobremente protegidos. Eso ya lo sabíamos. La pregunta es, ahora, cuánto se va a demorar VTR en borrar a las autoridades públicas de ahí. Y cuánta plata va a ganar cobrándonos al resto de nosotros. No sé. Quizás, lo mejor sea llamar al diputado Felipe Harboe, quien hace mucho rato está preocupado del uso y abuso de las bases de datos en nuestro país. No va a ser difícil ubicarlo: su teléfono y su dirección también aparecen en Planos.cl

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Domingo 10 Abril 2011

Sidney Lumet (1924-2011)

Escrito por MAZA 11:24 pm Archivado en OBITUARIOS

Don Sidney

Me cuesta encontrar una personalidad que admire más en el cine norteamericano que Sidney Lumet. Puede que el otro sea Peter Bogdanovich, pero mi admiración por Lumet es más completa, va más allá de lo puramente cinéfilo o político o simplemente anecdótico. Lumet siempre me causó curiosidad por la transparencia de sus intenciones, tanto artísticas como personales, y particularmente, por esa inquietud por recorrer caminos nuevos en el afán de interpretar las contradicciones más profundas de su sociedad. Vivió una época intensa, y pasó de ser actor, a director de TV, y luego a director de cine como una evolución natural de su curiosidad. Lumet fue un constante comentarista de la sociedad norteamericana, y su cercanía con los actores es parte fundamental de un método de trabajo que sostiene ese comentario: la capacidad mimética de los actores se la apropia el cine para contar cómo funcionan los mecanismos más invisibles de una sociedad.

Mucho de eso explica que el cine de Lumet sea un cine de personalidades en choque, de carácteres en conflicto, pero sobre todo, de los instantes de fragilidad que definen a esas personas y personalidades. Cuando Al Pacino entra al banco que quiere robar en “Tarde de perros” (1975) estamos esperando por ese instante de flaqueza que lo hará caer al vacío, tal como pasa con Peter Finch en “Network: Poder que mata” (1976), o Philip Seymour Hoffman en “Antes que el diablo sepa que estás muerto” (2007). Son personajes que están fuera de su centro, dislocados y atrapados por sí mismos, y su lugar en el pantalla tensiona el relato aunque no tengamos muy claro cómo vayan a terminar.

Peter Finch en Network (1976)

En otros personajes, como Sean Connery en “La colina de la deshonra” (1965), Paul Newman en “Será justicia” (1982), Henry Fonda en “Doce hombres en pugna” (1957) o Pacino, de nuevo, en “Serpico” (1973), lo que está en juego es la capacidad de resistencia del carácter ante un medio ambiente hostil. Ese lugar hostil habitualmente es el fascismo, con dos variantes: espacios donde predomina el abuso de poder y espacios de corrupción. Más que dos caras de una misma medalla, para Lumet el segundo es la degeneración natural e inevitable del primero y quizás por ello es que dedica buena parte de su filmografía a desnudar los mecanismos de la corrupción del sistema (político, judicial, policial y mediático) como una manera de desnudar el autoritarismo, la ceguera y la barbarie propios del abuso. Y en Lumet, el abuso de poder no tiene excusa ni “depende del contexto”, como queda claro en “La ofensa” (1972), donde se reconstruyen los hechos que llevaron a un policía a matar a un violador de menores mientras lo interrogaba, un dilema lumetiano por excelencia.

Sean Connery tomándose la justicia en sus manos en La Ofensa (1972)

Pero no todo en Lumet fue un alegato: de hecho, la verdadera grandeza de su cine radica en los espacios íntimos, en los afectos huérfanos de los que viven en el borde de estos espacios de hostilidad. Digamos, las víctimas. Pero no mirados desde la conmiseración ni la lástima (ya la palabra “víctimas” parece totalmente inadecuada) sino que desde su fortaleza, su individualidad, lo que transforma a Lumet en el más nítido e inesperado heredero de Howard Hawks. Este es el territorio de “Daniel” (1983) y de “Un lugar en ninguna parte” (1988, o “Al filo del vacío”, como se llamó en Argentina) que como mencionaba este domingo Daniel Villalobos en su atinado obituario en La Tercera debe ser la exponente más clara de “la dificultad de mantener en el mundo adulto las ilusiones de la juventud”.

Aunque claro, para Lumet me parece que nunca fueron ilusiones. En sus ideales y en esa esperanza por la raíz humana parecía estar el combustible para hacer sus películas.

Timothy Hutton como Daniel (1983)

Una última cosa. Lumet dejó un legado increíblemente generoso para cualquiera que quiera hacer una película: un libro. Se llama “Making Movies”, o “Así se hacen las películas”, título de la versión en español que editó Rialp en 1999 (yo tengo la cuarta edición de 2004, y la versión original en inglés de Random House). “Making movies” cuenta, parte por parte, el proceso completo de producción de una película. Desde el origen de la primera idea hasta las peleas con el estudio por el póster. Es un libro extraordinario. No solo porque demuestra que Lumet tiene tal control sobre su ego que quiso hacer un libro “útil”, sino que porque además es efectivamente útil, en particular en el detalle que entrega sobre su trabajo con los actores y la dirección de fotografía. Combina con mucha habilidad las anécdotas (y hay varias muy divertidas y bien escritas), pero sobre todo, demuestra que nunca dejó de lado la experiencia visual y emotiva del espectador, y que se preocupó hasta el ultimo detalle de las implicaciones de hacer películas, tal como él lo llama, “el mejor trabajo del mundo”.

Así se hacen las películas

Hoy, cuando el cine norteamericano ha perdido casi toda su capacidad crítica y de resistencia, la partida de Lumet es más dura y difícil de lo que podríamos esperar, y estas lecciones, por simples que sean, quizás permitan que su mirada del mundo siga viva.

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Viernes 8 Abril 2011

¿En qué Tierra vive Sergio Nuño?

Escrito por MAZA 2:49 am Archivado en ACTUALIDAD, DOCUMENTALES, POLEMICA EN EL BAR, TV ABIERTA

La Tierra en que Cobramos

Los hechos. Los porfiados hechos están ahí, en línea, para ser verificados por quien quiera:

1) El recién pasado sábado 2 de abril, TVN transmitió un episodio de la actual temporada de “La Tierra en que vivimos” de Sergio Nuño. El capítulo, parte de la serie “Las costas secretas de Chile” (se puede ver acá), hace una visita a la planta de celulosa Arauco en el río Cruces. “Al momento de nuestra visita”, dice Nuño a los seis minutos, “todo parece funcionar de acuerdo a lo establecido”, y nos muestra una pipeta de agua llena de agua prístina. Momentos después se sumerge en las tuberías donde la celulosa hace sus descargas de agua al río, y Nuño parece estar convencido: “Los difusores se encargan de diluir lo más eficazmente posible lo que vacía la industria para reducir el impacto en el medio ambiente acuático”. En términos prácticos, el capítulo es una muy directa presentación de lo que han sido hasta ahora los argumentos de la empresa Celulosa Arauco respecto a la muerte de los cisnes de cuello negro en el río Cruces: que la responsabilidad de la extinción del luchecillo que comían las aves no es culpa de la empresa. Por si quedan dudas en el minuto 14, Nuño lo dice con claridad: “Los residuos han probado ser inocuos para el humedal”.

2) Este miércoles 6 de abril, el CNTV decide acoger la denuncia presentada por el movimiento Acción por los Cisnes en contra del programa de TVN por presentar “un tratamiento inadecuado y arbitrario de lo acontecido en la zona de Valdivia”.

3) Ayer jueves 7 de abril, en entrevista con la periodista Bárbara Cox de radio Biobío Valdivia, el gerente de asuntos públicos de la empresa Arauco, Iván Chamorro, aseguró que la empresa “contrató” a Sergio Nuño por sus servicios audiovisuales en la misma época en que éste estaba realizando el programa para TVN. Esto habría ocurrido hace un par de años. “Él arribo a sus propias conclusiones muchos años antes de lo que pasó en el río (…) Cuando Sergio terminó de realizar el programa, él nos mostró las imágenes por deferencia, vimos el material y le dijimos ‘Esto justamente tiene coincidencias con lo que hemos tratado de demostrar en el juicio’”. Y le pidieron un video (”un extracto, una versión de lo que ya había terminado previamente”) que luego Arauco mostraría ante el tribunal que lleva el juicio contra Celulosa Arauco. El gerente hizo hincapié en el orden de los hechos: que primero Nuño habría hecho el trabajo documental para TVN, se habría formado su propia convicción, y que LUEGO la empresa le habría pedido que usara esas imágenes para el juicio. Aunque el gerente de Arauco entrevistado no quiso revelar del monto pagado a Nuño, dijo que habría sido “acorde a lo que valen esas imágenes”.

Ahora, la interpretación de los hechos.

Estalla la polémica, que tiene por lo menos tres aristas. ¿Es independiente un realizador que trabaja para la televisión pública cuando es también contratado por una empresa que es parte de un juicio respecto a su responsabilidad en un caso de contaminación ambiental? Aunque nos llenemos de dudas, quizás podría serlo. Quizás Sergio Nuño podría ser de una integridad superlativa que le impidiera modificar sus opiniones a cambio de lo que pudiera pagarle una empresa. Pero incluso si tuviéramos fe en esa integridad, es difícil de demostrar si el realizador utiliza su programa para decir EXACTAMENTE lo mismo que la empresa ha declarado como su defensa.

Pero no seamos malpensados. Supongamos que Nuño cree firmemente por su experiencia que Arauco es inocente, que este caso es un curioso caso de coincidencia temporal entre la instalación de la planta de celulosa y la muerte de luchecillo, y que de verdad cree que las aguas de la planta son inocuas (así lo dice en esta entrevista). Eso no evita hacerse una segunda pregunta: ¿Tiene derecho a vender las mismas imágenes que hizo para la TV y con ellas hacer un segundo video que sería presentado como PRUEBA EN UN JUICIO por parte de la defensa de la empresa? Nuño parece pensar que sí, que se se puede ser un realizador independiente que venden sus imágenes a la TV pública y a privados. Mal que mal, él las filmó y se las vende al mejor postor. Por lo menos así lo da a entender en esta entrevista de radio Biobío, también del día de ayer. Lo dijo: “No recibí ningún centavo… ANTES de hacer el documental”.

Lo que nos lleva a la tercera arista del tema, y para mí la más relevante de este momento: ¿Sabía TVN lo que había hecho Nuño? De saberlo, ¿estaba de acuerdo de que lo hubiera hecho? ¿O los ejecutivos de TVN recién se enteraron ayer del tema? Hasta ahora no ha habido una declaración pública del canal. Pero aquí está el punto más peliagudo del tema. Yo personalmente tengo diferencias éticas con lo hecho por Nuño: puedes defender un punto de vista como documentalista (y en esto, Nuño tiene razón: los documentalistas no hacen periodismo; tienen todo el derecho a presentar UN punto de vista). Pero si de verdad crees en la inocencia de Celco (así como muchos documentalistas pueden estar de acuerdo, por ejemplo, en la inocencia de comuneros mapuches) no presentas tu testimonio (y en este caso eso es, un testimonio audiovisual) a cambio de dinero. Me cuesta imaginar a Elena Varela o Dauno Tótoro cobrando por atestiguar o hacer un video que se muestre en un tribunal a favor de los presos políticos mapuches. Uno tiene todo el derecho de cobrar por su trabajo, pero las convicciones, según yo entiendo, no se arriendan.

TVN debe una explicación de todo esto. Si Sergio Nuño nunca les dijo que las mismas imágenes que ellos le encargaron fueron también vendidas a Celco para usarlas en un juicio, y que coincidentemente el punto de vista de su programa presentaba el punto de vista de la empresa, Nuño le debe una explicación a TVN. Y TVN debe determinar si este tipo de actuación está a la altura de los estándares de un canal público. Yo creo que no. Mañana, puede ser otra empresa cuestionada (Santa Isabel o Banco Estado, por nombrar las últimas denunciadas de “Esto no tiene nombre” del mismo TVN) que “requieran” los servicios de otro colaborador de TVN para defender sus posiciones en un juicio. Esto claramente es un conflicto de interés.

Ahora, si TVN estaba al tanto de asunto, es aún más grave. Significa que el canal público avala la posición de una empresa cuestionada y en juicio por un tema que lleva varios años en la prensa, y la presenta como hechos. Y está dispuesta a “arrendarse” para promover estos intereses. Justamente la semana pasada se informó del alejamiento voluntario de María Elena Wood como directora de programación de TVN, sin que haya elementos que permitan conectar este hecho con su salida. Me cuesta imaginar que María Elena Wood, que también es documentalista, avale una actuación como la de Nuño. Pero me encantaría escucharlo directamente de parte del departamento de Comunicaciones del canal público. Ojalá hoy.

Ve acá el programa de “La Tierra en que vivimos” de la polémica.
Escucha la entrevista al Ivan Chamorro, gerente de Arauco, hablando del pago a Nuño.
Escucha la entrevista a Sergio Nuño defendiendo su posición.

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