“Fuga”
Fecha de estreno: Jueves 30 Marzo 2006
“Fuga” de Pablo Larraín. Fuga. 2006. Chile/Argentina. 110 minutos. Mayores de 14 años. MC Films. IMDB.
En “Fuga” es largo lo inexplicado, hay demasiado por deducir y el sentido de la historia se desperdiga en el aire: la creación de la música, la tragedia de un músico, la simbiosis del genio con su enfermedad y le pasa a Larraín con “Fuga” lo que a Montalbán con su concierto: son piezas en formación, alteradas, con dificultades de expresión e incompletas. (ANTONIO MARTÍNEZ, WIKEN)
“Fuga” es bastante obvia y las cosas que quedaron abiertas deberían estar cerradas y viceversa. (…) Más que adentrarse en la mente del artista engorda la idea que se tiene sobre el artista: el tipo perturbado que no tiene otro medio de expresión que no sea el arte. (JORGE MORALES, MABUSE)
Esta también podría ser la historia del director, un veinteañero, con algunos contactos, que logra juntar más de un millón de dólares para hacer su primera película. ¡Fantástico! Pero las buenas intenciones no bastan cuando, que metáfora más apropiada, no se tienen dedos para el piano. (ANGEL CARCAVILLA, LA NACIÓN)
El gran peso muerto que carga el filme es su propia sensación de clausura, de aislamiento. La impresión de que está hecha “dando las espaldas al mundo” (al revés que varios filmes chilenos del último tiempo, desde “Actores secundarios” a “En la cama”, que consiguen dar una idea bastante precisa del Chile que habitan, sea este real o ficticio). De que es incapaz, en suma, de conseguir un mínimo margen de credibilidad para que el público se “compre” a una pareja teniendo sexo en los altos del Municipal en plena función, o una persecución por las calles de Valparaíso con un contrabajo en la espalda, o ver al hijo de un ministro de Estado recluido en un hospital siquiátrico a punto de caerse a pedazos. (CHRISTIAN RAMÍREZ, ARTES Y LETRAS)
Por enésima vez llega a la pantalla una película chilena que no tiene punto de vista y que está narrada desde un limbo donde todo vale igual. (HÉCTOR SOTO, CAPITAL)
Todo parte muy bien con un primer acto interesante y bien contado, pero que a nivel de historia empieza a naufragar cuando Montalbán entra al manicomio y termina por hundirse con la desmesurada escena final cuando las dos historias terminan convergiendo. (JUAN PABLO VILCHES, CIVILCINEMA)